Mi experiencia migratoria

El propósito de este post es compartir mi experiencia personal dejando atrás Venezuela en búsqueda de una mejor vida, y cómo llegué a donde estoy. Muchas personas, desde la superficie de sus prejuicios, pueden hacerse alguna idea pero estoy seguro de que ninguna de ellas está remotamente cerca de conocer lo difícil que ha sido llegar hasta acá y lo que aún me falta por recorrer. Soy igualmente un ser humano, me equivoco muy seguido y corrijo cada vez que puedo, y de ser posible, trato de ayudar a quienes así lo necesiten para que hagan las cosas bien y eviten cometer ciertos errores de novato que yo pude haber cometido. Anyway, aquí voy.

Toda mi vida me he caracterizado por ser una persona sumamente planificada y organizada, con escasa tendencia a encomendar cosas al azar o a la improvisación. Emigrar, por supuesto, no podía ser la excepción a la regla. Tomé mi decisión definitiva, como resolución de 2017, después de meditarlo bastante y sopesar cada pro y contra, justo en enero el año pasado. Fue en ese instante cuando comenzó esta enrevesada travesía. Utilizaré lenguaje informal y expresiones venezolanas para hacer el cuento menos pesado.

Empecé, siendo sincero, teniendo tres cosas claras: i) me quiero ir, no sé a dónde, pero me quiero ir; ii) mientras esté joven, quiero seguir estudiando, más adelante no tendré la misma facilidad de hoy (traducción: me va a dar ladilla, estoy claro, y me arrepentiré) y iii) tener la oportunidad de hacerlo en un país con un entorno cultural desarrollado y de primer mundo es mi opción número uno. Un poco de ambición no le hace daño a nadie y tocar no es entrar, right?

Con esas tres premisas que sirvieron de brújula, comencé a investigar en internet posibilidades de becas y estudios en el primer mundo: UK, Canada, Australia (desde siempre he tenido una pasión por los países anglosajones), Irlanda, Alemania, España. La abrumadora cantidad de información me estaba volviendo loco. Envié muchos emails solicitando información y asesoría para poder entender. La paradoja del conocimiento, mientras más investigas y más sabes, te das cuenta que menos sabes, ¡nojoda! Logré ponerme en contacto con un equipo internacional de asesores educativos para estudiantes y profesionales de cualquier nacionalidad. Con ellos, logré ver luz.

Elegí la ciudad de Dublín, Irlanda, para un LL.M (Master in Laws) en International Law en el Griffith College, ya que estaba enfrascado en un área netamente legal que pudiera ser menos local y más universal. El LL.M duraba sólo un (1) año académico, con una visa de estudiante que me permitía trabajar oncampus mientras estudiaba, aunque pocas posibilidades legales de aspirar a un establecimiento mayor a ese año una vez graduado (o sea, me graduaba y tenía prácticamente que recoger mis macundales y volarme pal carrizo).

En general, los documentos por defecto que te exigen en cualquier país cuando tienes intenciones de estudiar a nivel de post-grado son casi los mismos, con ligeras variaciones según el destino. En mi caso, fueron los siguientes:


  1. Documentos académicos:

 1.1 Bachillerato: Título y Notas Certificadas apostilladas y traducidas por intérprete público certificado.

 1.2 Universitarios: Título, Notas Certificadas, GPA (Rango) y Pensum, debidamente apostillados y traducidos por intérprete público certificado. Así como cualquier otro Certificado o Diploma de estudios relevantes post-secundarios.

  1. Documentos no-académicos:

 2.1 Antecedentes Penales, apostillados y debidamente traducidos.

 2.2 Motivation Letter, una carta formal de exposición de motivos sobre la intención, justificación del programa y la universidad, así como demostrar ataduras al país de origen para regresar una vez graduado.

 2.3 Cartas y referencias de trabajo.

 2.4 Curriculum.

 2.5 Soportes financieros (estados de cuenta, referencias bancarias, recibos de pago y toda prueba de ingresos y solvencia económica para mantenerte los primeros meses)

 2.6 Soportes de ataduras al país (i.e. documentos de propiedad de algún bien mueble o inmueble si aplica, emprendimientos personales, compromisos comerciales o laborales con alguna empresa, entre otros, según aplique).

{Creo no omitir ninguno. De cualquier forma, pueden siempre contactarme y consultarme por email si están interesados en recabar mayor información}


Comencé entonces, con mi proceso de validación, refrendado y apostilla de documentos. En ese momento, solicité cita de apostilla y conseguí disponibilidad para el 30 de marzo. Ahora, para mis documentos académicos, necesitaba refrendarlos primeramente por la Zona Educativa (educación media y diversificada, en mi caso, me correspondía la del Distrito Capital), y el Ministerio de Educación Superior (universitarios), para el cual las citas estaban completamente restringidas, hasta que di con una cuenta en Twitter @ApostillaGTU, donde los mismos usuarios se encargaban de notificar cuando el portal estuviese habilitado para solicitar citas, logré ponerme en contacto con el Administrador de la cuenta, cuyo nombre a los fines de este post me reservo, y en conjunto con otras personas, coincidimos en la iniciativa de crear un grupo de Whatsapp con algunos usuarios que para el momento nos encontrábamos en todo este proceso de gestión pre-migratorio, de esta forma, las notificaciones podían lograr su fin de manera quizá más eficiente y expedita. Así logré solucionar el refrendado de mis documentos universitarios sin ayuda de ningún gestor (Notas Certificadas, GPA y Pensum; mi título, por haber sido emitido por Universidad Privada, estaba exento de este paso previo a la apostilla).

Pero me quedaba un asunto pendiente un poco más complicado: la validación de Título y Notas de Bachillerato a través de la Zona Educativa. Aquí no habían citas, debías llegar de madrugada al lugar (ubicado en el centro de Caracas), hacer una cola de decenas de personas hasta que se cubriera el cupo diario, y con un poco de suerte lograr entrar en él. Hecho esto, y entregados los documentos en algún día del mes de febrero que ya no recuerdo, me aseguraron que los documentos estarían listos en un término no mayor a 20 días (hábiles), o lo que es igual, un mes. Afortunadamente, ese término mayor aún se ajustaba a mis plazos antes de mi cita de apostilla. {Pobre iluso no sabes lo que acabas de hacer}

Por supuesto que no fue así. Llegó el 30 de marzo y fui a mi cita de apostilla sin tener los susodichos documentos de Bachillerato convalidados, así que quedaron por fuera, pendientes, que en algún momento me los devolvieran. Paralelamente, investigué y pregunté con conocidos sobre intérpretes públicos certificados de confianza que pudiesen trabajar en mis transcripts al inglés, ¡sin cobrarme en dólares, coño! Y logré dar con una señora muy impecable en su trabajo, responsable y bastante consciente y razonable con sus honorarios, en bolívares. Mientras ella se ocupaba de todas las traducciones, yo esperaba como el propio bolsa por la Zona Educativa. Pero la tortura fue para rato, había llegado agosto, y la única respuesta de esta gente era “No están listos, venga en otros 20 días”. Las personas que allí trabajaban eran bastante maleducadas y groseras, sin mencionar que la infraestructura y condiciones en las que laboraban eran bastante precarias. En todo caso, yo comenzaba ya a desquiciarme, porque ni siquiera podía pedir que me regresaran los documentos sin convalidación; estaban, de algún modo, secuestrados por ellos y no tenía forma aparente de resolver por otro lado. Y entre los rumores que escuchaba de la gente y de cómo han extraviado antes cientos de documentos, yo empezaba a tirarlos a pérdida. Ya habían pasado 6 meses, y estaba completamente estancado por ellos.

Para salir de mi estancamiento, recurrí a hacer una Declaración Jurada con las copias simples de esos documentos de Bachillerato, la notarié, legalicé la firma del Notario por ante el Registro Principal, y pude luego conseguir una cita para apostillarla. ¿Por qué coño no se me ocurrió eso antes? Bueno, para adivino Dios. En fin, uno aprende de esas novatadas. Desconozco como esté actualmente la situación y funcionamiento de la Zona Educativa del Distrito Capital, pero por mi experiencia (y muchas otras que conozco similares) mi más sincero consejo es: EVÍTENLA, NO COMETAN LA BURRADA QUE YO COMETÍ.

Finalmente, hice mi aplicación al Griffith College en Dublín, y quedé admitido (YAAAAAAAAAAS!). No podía controlar la emoción, nadie podía quitarme esa sonrisa de oreja a oreja, nadie.

Seguimos en agosto, y era momento de aplicar por la visa de estudiante. Toda la emoción y alegría se estrellaron contra el piso cuando me entero que el Departamento de Visas de Irlanda estaba rechazando en un 80% las solicitudes recientes a estudiantes venezolanos, aunque contaran con alguna beca/patrocinio de alguna universidad, y además, estaban tardando entre 4 y 6 meses en dar respuesta.

QUÉ GRANDÍSIMA PORQUERÍA. Ser venezolano nunca había sido tan difícil, y más cuando eres 100% criollo y no tienes otra nacionalidad (y menos europea) que te pudiese echar una mano para sacarte las patas del barro. Y no, no pretendí en ningún momento hacer un fraude a la ley para casarme con alguien sólo a los efectos de obtener residencia o ciudadanía. That’s not me.

Bien, tenía la opción de aplicar, pagar el fee de la visa, esperar todo ese tiempo y ser rechazado (las probabilidades de admisión eran muy bajas). Nuevamente, tocar no es entrar. Tenía otra opción, más radical: cambiar el rumbo, cambiar todo el esquema, por ‘better odds, mejor chance de salir victorioso al final. Toda una decisión.

Esa semana me desentendí por completo y no quise saber más nada del asunto. Mirar hacia atrás y ver la cantidad de tiempo invertido y que pudiese ser en vano comenzó a desatar un cúmulo de inseguridades y demonios escondidos. No quería pensar, no quería decidir, estaba molesto, frustrado, y tomar una decisión bajo ese quebrado estado emocional sólo podía traerme un resultado peor.

Sin embargo, y cuando las cosas son ciertas, al sol de hoy doy fe de que ese tropiezo fue lo mejor que me pudo haber pasado, porque Dios tenía un mejor plan para mí.

Canada, eh!

Tomé mi decisión, cambié mi esquema en su totalidad. Estaba consciente de que me iba a retrasar considerablemente, pero no me importaba ya. Irme en dos, tres o cuatro meses después a lo que originalmente tenía en mente no era tan grave si en contraposición tenía una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor para optar por mejores resultados en el futuro. Si había algo que tenía clarísimo es que del apuro sólo queda el cansancio, y elegir cualquier cosa sólo por salir desesperadamente y cuanto antes del país no era una idea que a mí particularmente me convenciera.

Comencé, desde cero, por algo que debí haber hecho en un principio y no hice: anular mi pasaporte. Sí, ¿te volviste loco, José? ¿Cómo se te ocurre anular tu pasaporte a estas alturas sabiendo cómo están las cosas? Bueno, les voy a explicar el porqué: Mi pasaporte realmente vencía en marzo de 2019, yo aún tenía año y medio de vigencia y podía fácilmente emigrar con ese sin mayor problema. Sin embargo, el nuevo proyecto para el cual estaba devotamente trabajando no comenzaba sino hasta la primavera de 2018, y para ese entonces, sólo un año de vigencia me restaría. Si lo hacía de esa manera, en el corto-mediano plazo iba a tener – a juro- que interrumpir lo que sea que estuviese haciendo sólo para regresar a Venezuela y tramitar la renovación (para ese entonces, en octubre de 2017, no habían salido con la mamarrachada de la extensión). Todo esto, por supuesto, sin tener garantía alguna de que para el momento que debiera tramitar mi renovación, el procedimiento para tal se simplificara o empeorara –el escenario más probable por experiencia venezolana. Tomé la decisión de arriesgarme mientras me encontrara en suelo venezolano: anulé mi pasaporte anterior para poder tramitar uno nuevo, a sabiendas de que podía quedarme sin el chivo y sin el mecate. Introduje mi anulación en una oficina del SAIME, y en 3 días hábiles ya no tenía pasaporte válido. Luego, me caí a coñazos con la página web del SAIME solamente para obtener la cita. Afortunadamente, contaba aún con el grupo de Whatsapp de Apostilla en donde ahora también informaban de todo tipo de trámites para emigrar (ya no sólo apostilla y trámites universitarios). Todo lo empecé el 27 de septiembre, logré pagar la cita y supuestamente debía llegarme un email con la presunta fecha de ésta.

Sure, Jan. Pasó toda una semana y el correo nunca llegó. El domingo, ya 8 de octubre, tuve una de esas revelaciones y me dio por meterme en la noche en la página del SAIME, y aparecía que tenía pautada una cita para el lunes 9, o sea, la mañana siguiente. Me puse el cohete ya saben en dónde y fui al SAIME. Resulta que me habían cambiado la oficina para la cual solicité asistir, y de Boleíta tuve que moverme a Los Ruices (una de las peores). Casi me da una vaina cuando llego y veo el desorden y el bululú de gente, pues habían metido a Raimundo y todo el mundo en la misma cola (cédulas, pasaportes, certificaciones de datos, etc.). Al final, me calé mi cola con todo y que el sistema se cayó tres veces, salí al mediodía, un paso menos, ahora me tocaba esperar que habilitaran nuevamente el portal para hacer el pago del fulano “Pasaporte Express”. Acudí, nuevamente, al glorioso grupo de Whatsapp, y al día siguiente pude pagar mi vaina sin mayor. Ahora sólo quedaba esperar…

Afortunadamente, a la semana, llegó mi Pasaporte impreso a la oficina del SAIME. Nunca recibí ningún email (para variar), lo descubrí porque estuve ingresando regularmente a la página a chequear el status. Inmediatamente lo fui a buscar. Vamos ya por el 20 de octubre. Fue bastante rápida mi experiencia en este asunto, tres semanas en total desde la anulación, y qué alivio es saber que me he quitado ese dolor de cabeza por cinco (5) años más; fue una decisión arriesgada pero inteligente después de todo. Empecé a recobrar ese optimismo nuevamente por mi travesía migratoria. Ah, y a los días de haber recibido mi pasaporte en físico, me llegaron los sopotocientos emails indicando las instrucciones de la cita, cambio de oficina y demás. Wonderful timing, you guys.

Simultáneamente, cuando hacía mi gestión del pasaporte, hice otra diligencia trascendental. Resulta que Canadá es uno de los países no suscriptores del Convenio de La Haya sobre la apostilla. En consecuencia, mis documentos apostillados, en términos legales, no surtían efecto en Canadá, debía introducirlos nuevamente ante la Cancillería, pero esta vez, para legalización, no apostilla. DIOS MÍOOOO, ¿¿¿QUÉ MAS QUIERES DE MÍIII??? Muchachos, realmente fue como empezar de cero, pero para mi sorpresa, todo fue fluyendo mucho mejor, porque casualmente habían habilitado el portal del Ministerio de Relaciones Exteriores para el otorgamiento de nuevas citas de apostilla y legalización, y conseguí la mía para esos mismitos días de octubre. Fui, legalicé y triunfé. Legalmente, todos mis documentos están tanto apostillados (Convención de la Haya) como legalizados, podía aplicar e irme a donde me diera la reverenda gana.

Durante esos últimos días de octubre, la Zona Educativa finalmente terminó su exhaustivo y minucioso trabajo de colocarle un garabato y sello a mis documentos originales de Bachillerato, esa era toda la convalidación. Sí, 20 días hábiles iniciales que se convirtieron en 8 meses para un horrendo garabato y un sello con una tinta vieja y seca que apenas se logra visualizar. No que importara mucho ya, pero era otra buena noticia, en especial porque estaba recuperando los documentos originales.

A finales de octubre, apliqué para un post-grado de dos (2) años en International Business con contenido legal y de negocios bastante conocido y versátil en Canada, con pasantías obligatorias y un campo laboral altamente demandado y competitivo, abonando el terreno para un progression a un MBA si así lo deseara en el futuro, fungiendo además como complemento perfecto a mi carrera de Abogado. Ése mismo fue, en Humber College de Toronto.

Entonces, recapitulemos:

-El plan de Irlanda ya no existe, gracias a Dios. Adiós, hombrecitos verdes.

-Cambié a los hombrecitos verdes por los lumberjack: Canada.

-Canada no reconoce validez de la apostilla. Tuve que legalizar todos mis documentos.

-Anulé mi pasaporte y adquirí uno nuevo vigente hasta octubre de 2022. YAS!

-Tuve que empezar casi de cero, y para mi sorpresa, todo fluía mejor que antes. En el mismo mes, obtuve mi pasaporte nuevo, legalicé documentos, y apliqué al College para la admisión, cuando para Irlanda, el universo conspiró para que ese mismo procedimiento me llevara largos meses.

A mediados de noviembre, mucho antes de lo anticipado, recibí mi admisión a Humber. Otro momento para brincar de la alegría y bailar la macarena. Con esa carta podía ya introducir mi solicitud de Study Permit. En otro post prometo abordar con más detalle las ventajas legales que ofrece Canada frente a otros países, en mi caso como estudiante, permitiéndome trabajar también (de bolas, porque si no, sería imposible mantenerme sólo estudiando).

El 11 de diciembre introduje mi solicitud de Study Permit en la oficina VFS Global ubicada en el Centro San Ignacio, ya que ellos se encargan de enviar todo el expediente a la Ciudad de México junto con tu pasaporte, donde son procesadas todos los tipos de solicitudes provenientes de Latinoamérica. La funcionario que me atendió me indica que el lapso de respuesta está comprendido entre 8 y 12 semanas, aunque en la página oficial de CIC (Citizenship and Immigration Canada), el processing time era de hasta 4 semanas.

El 17 de enero de 2018 recibí la respuesta negativa del Oficial de Inmigración rechazando mi Study Permit

El motivo, bastante vago: You do not satisfy me that you are going to leave Canada at the end of your stay. () You are welcome to re-apply if you feel you can demonstrate that you meet the requirements of the Immigration and Refugees Act.

No voy a entrar en detalles sobre mi reacción, pero les aseguro que fue peor que la primera tras descartar Irlanda. Lo importante era que debía tomar una decisión inmediata: desistir y tirar la toalla, buscar otro destino, o apelar la decisión y seguir hasta el final. Como buen Abogado, me fajé en mi apelación, refuté el vago motivo de rechazo de mi solicitud de manera breve pero contundente en la nueva carta de exposición de motivos, pulí algunos detalles en mi expediente, y volví a aplicar escasos días después, el 24 de enero, mientras paralelamente exploraba y preparaba anticipadamente un Plan B en caso de un segundo rechazo.

El 11 de febrero, en tiempo récord, recibo un correo de CIC exhortándome a revisar el PDF adjunto con la firma digital del mismo Oficial de Inmigración que procesó mi primera solicitud; ya eso no era una buena señal… no no no.

En lo que abrí el archivo PDF, con las manos temblando, sudorosas y la visión nublada de los nervios, logré dilucidar la primera línea del texto: Your application to study in Canada has been approved.  Solté el teléfono por impulso y me puse a llorar… de la alegría, obvio, come on.

Para los que me leen, la moraleja de todo esta experiencia que les estoy contando es simple: la pelea es peleando, mi mamá me lo ha dicho toda la vida, y no tengo mejor ejemplo de alguien tan guerrero como ella (mami, sé que estás leyendo esto y te amo, I am going to bust my ass everyday because I know how proud you would be). Las cosas no son fáciles, mucho menos en esta coyuntura donde todos los venezolanos somos observados a través de un microscopio, sólo por salir en búsqueda de un mejor futuro. La planificación es clave cuando te propones un objetivo con realistas intenciones de lograrlo, y no tirar la toalla a la primera señal de dificultad. Dios y la vida pondrán a prueba siempre tus decisiones sólo para constatar qué tan seguro estás de ellas y qué tanto las quieres. No podemos ir por la vida ensayando todo el tiempo, debemos ser más determinantes, y el que persevera, al final, siempre vence.

Y aquí estoy, con los anglo-franco-parlantes lumberjacks, en una de las ciudades más hermosas y cosmopolitas del mundo, rodeado de gente amable y maravillosa, queriendo decirles que sí es posible.

This is mine for the taking, and I am taking it.

Toronto, Saturday, May 5, 2018.

 

3 thoughts on “Mi experiencia migratoria

  1. No pudiste elegir un mejor destino, Canada y Australia son muy similares en politica migratoria y estoy seguro que te ira buenisimo en el gigante norteamericano! Sigue posteando y muchos exitos!!!!!

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  2. Completamente fascinado! Con esa determinacion estoy seguro de que te ira excelente en Canada. Gracias por compartir tu experiencia y dejar una gran moraleja, emigrar no es facil pero cuando las cosas se hacen bien como tu las estas haciendo, el resultado siempre sera bueno. Te felicito! Muchos exitos te deseo

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  3. Y ahora yo tengo la dicha de tenerte a dos estaciones de metro de distancia. Eres un ejemplo a seguir y se que recurriré a ti cada vez que me den mis ataques De pánico en esta ciudad. El mundo está esperando a que te lo comas!

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